Mañana encienden las antenas 5G. Que las enciendan, no me importa, y que su onda atraviese mi cuerpo y las insípidas pirámides, y que se activen todos los nano-androides dispersos en mi sangre. Que todo se torne oscuro y frio al fin, y la victoria se presente. La melancolía y la nostalgia solo durarán un rato más, como la ausencia imprecisa de un sueño en la memoria. El ángel anuncia el retorno al paraíso con una señal que zumba en mis oídos. Estaremos desde siempre en el paraíso, sin nauseas, sin humo, sin noches sin dormir por tanto buscar el olvido, sin espejismos en la soledad. Ojalá fuera cierto para poder verlo: recuerdos encriptados, luego destruidos o editados, miradas vaciándose de sueños, el preciso instante en que implosiona la esperanza de los convencidos; las almas derrotadas, inmersas en el abrazo eléctrico de un ángel con cientos de brazos apuntando con sus tridentes al cielo. Es como estar en un loop de tu mejor recuerdo. Ojalá no fuera solo una ensoñación de papel y que esa clase de idiota antivacunas conspiracionista tuviera razón, que fácil sería. Lamento a veces no ser tan idiota como para creer que soy libre ahora, como para creer que decido ahora, y para creer que esa libertad y ese poder de decisión están siempre bajo la amenaza de una fuerza impersonal, oscura y escurridiza, como para creer que después de esta hay otra vida, como para creer que, si dios existe, le importo una mierda. ¿Qué daría quién por este mundo enfermo? Muy poco idiota para creer que a los buenos les va bien y los malos mal, como para creer que el humano solo es miserable cuando lo dominan los reptilianos, me falta mucho para poder confundir la negación con el misterio, la esquizofrenia con la personalidad.
Mañana encienden las antenas 5G. Que las enciendan, no me importa, y que su onda atraviese mi cuerpo y las insípidas pirámides, y que se activen todos los nano-androides dispersos en mi sangre. Que todo se torne oscuro y frio al fin, y la victoria se presente. La melancolía y la nostalgia solo durarán un rato más, como la ausencia imprecisa de un sueño en la memoria. El ángel anuncia el retorno al paraíso con una señal que zumba en mis oídos. Estaremos desde siempre en el paraíso, sin nauseas, sin humo, sin noches sin dormir por tanto buscar el olvido, sin espejismos en la soledad. Ojalá fuera cierto para poder verlo: recuerdos encriptados, luego destruidos o editados, miradas vaciándose de sueños, el preciso instante en que implosiona la esperanza de los convencidos; las almas derrotadas, inmersas en el abrazo eléctrico de un ángel con cientos de brazos apuntando con sus tridentes al cielo. Es como estar en un loop de tu mejor recuerdo. Ojalá no fuera solo una ensoñación de papel y que esa clase de idiota antivacunas conspiracionista tuviera razón, que fácil sería. Lamento a veces no ser tan idiota como para creer que soy libre ahora, como para creer que decido ahora, y para creer que esa libertad y ese poder de decisión están siempre bajo la amenaza de una fuerza impersonal, oscura y escurridiza, como para creer que después de esta hay otra vida, como para creer que, si dios existe, le importo una mierda. ¿Qué daría quién por este mundo enfermo? Muy poco idiota para creer que a los buenos les va bien y los malos mal, como para creer que el humano solo es miserable cuando lo dominan los reptilianos, me falta mucho para poder confundir la negación con el misterio, la esquizofrenia con la personalidad.

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